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ACADEMIA PARA LA VIDA- María Olivia Rivas, AIEP.

Resulta curioso pensar que la educación referida como la “formación para la vida”, responde al igual que muchos otros fenómenos en la historia, a un comportamiento cíclico.

La moda, los peinados, la música, son otros ejemplos de ello.

La historia cuenta que muchos años atrás, los padres enviaban largas temporadas a sus hijos lejos de casa donde sabios maestros, esperando que éstos les traspasaran sus grandes pensamientos y les revelaran sus experiencias míticas con aquellos Dioses que a su vez, eran transmisores de un gran conocimiento.

Hoy, en pleno siglo XXI, pareciera que a las Instituciones de Educación Superior, tengan la forma que tengan (IP, CFT O Universidades) se les vuelve a confiar la enorme responsabilidad de no sólo educar profesionales, sino, que formar personas. Un ejercicio que hoy, entendiendo al consumidor final, no resulta fácil y donde el propósito detrás del proyecto educativo de la institución, no da lo mismo.

Pero, ¿quiénes son los consumidores de educación superior del Chile de hoy? Personas con características diferentes; personas con historias y trayectorias educacionales de distintos niveles. Conectados; multi sensoriales, inquietos e informados. Movilizados. Todos ellos con un patrón común: creer que la educación es un camino para mejor su calidad de vida. Y no sólo la de ellos, sino que la de sus familias y la de su comunidad también. Y ¿saben qué? Yo también lo creo así.

Hoy no se puede pretender educar a puerta cerrada. La educación de hoy debe ser con el medio y para el medio, porque existen razones suficientes para creer que la vinculación del estudiante con la comunidad, con su entorno y las personas que lo habitan, es una estrategia de aprendizaje que desarrolla en él, el autoconocimiento y promueve la educación experiencial. Lo sensibiliza y le despierta la empatía hacia eso que está pasando allá fuera, forzando la conciencia del impacto que tienen nuestros actos.

Creer con convicción, por ejemplo, que la experiencia de voluntariado forma para el trabajo, promover al interior de las organizaciones la selección de docentes que traigan este tipo de formación, atender a las comunidades donde se está inserto, formar en valores como la justicia, la honestidad y la equidad; reinventarse curricularmente hablando, es innovar en la manera de educar. Es flexibilizar aquello que hemos venido haciendo, sólo porque tenemos el pleno convencimiento de que esta es la mejor manera de formar, también para la vida.

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