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SER B , DE BUENO – Susana Sierra, BH Compliance

Con la llegada de la revolución industrial en el siglo XVIII se vislumbraba un futuro promisorio para la humanidad. El descubrimiento de nuevas fuentes de energía y la agilización de los procesos productivos marcaban un antes y un después a nivel mundial. La gente podía acceder a una mejor calidad de vida gracias a descubrimientos que en ese entonces no se pensaban. Era todo bueno, maravilloso e incuestionable. Habrían más trabajos y eso sin duda traería un mejor desempeño de la economía. La revolución industrial traía consigo un buen propósito. En ese momento nadie pensó en las consecuencias medioambientales, por ejemplo, fueron factores que mucho tiempo después se analizaron. Pero ya es tarde para arrepentirse por las secuelas que aún deja la era industrial. Si bien se creó conciencia, lamentablemente no fue en el momento adecuado.

Parto con este ejemplo para que entendamos como una analogía el desarrollo de las empresas en el tiempo. No me imagino que alguien cree una compañía para hacer el mal pero cuando no hay cambios que denoten una adaptación social, que impliquen una evolución ad hoc con los tiempos es sinónimo de estancamiento, no hay otra lectura.

De seguro muchas firmas mantienen su estrategia porque les resulta perfecto a la hora de subir o mantener sus utilidades pero no expanden su visión a la hora de pensar en cómo hacer sus procedimientos más eficientes mirando más allá de su ombligo. Eso es lo que se hace urgente cambiar, no sólo en términos internos con los mismos trabajadores, sino que mirando el sistema en el que está inmersa pues se puede hacer el bien a la comunidad, proveedores, inversionistas y al medio ambiente sin descuidar los negocios, después de todo una empresa es parte principal de un engranaje productivo: mueve la economía de un país, da empleo y capacidad adquisitiva. Pero esa labor, que no es menor, puede ser mejorada, sobre todo en momentos en los que el sector privado ha estado en tela de juicio por las prácticas irregulares que se han dado a conocer en los últimos años, produciendo una baja considerable en la confianza de la ciudadanía.

Pero ¿Cómo recuperar confianza desde la empresa entendiendo que la corrupción de la que hemos sido testigos no se trata de un caso aislado? Es una respuesta difícil que ha sido parte de las discusiones de los gremios empresariales en el país y del mismo gobierno. Aparentemente a los empresarios les importa reivindicarse. Sin embargo, mientras no se vea una demostración concreta de querer hacer las cosas bien, la percepción pesimista permanecerá.

Adquirir un compromiso sincero, perdurable en el tiempo con el resto de los agentes de la economía sería un buen comienzo para recuperar la confianza perdida. Hablo de algo más concreto, que vaya más allá de un bonito discurso. Un ejemplo tangible de eso sería certificarse como Empresa B. Quizás muchos ignoran lo que implica obtener esta certificación. Según sistemab.org, la Empresa B combina el lucro con la solución a problemas sociales y ambientales aspirando a ser la mejor empresa para el mundo y no solo del mundo. Y una de las cosas más importantes en el contexto latinoamericano: cumplen con rigurosos estándares de gestión y transparencia, que van mejorando continuamente.

En la firma de la que soy parte, BH Compliance, nos certificamos como “Empresa B” a principios de este año. Esto quiere decir que queremos cumplir un compromiso de generar impactos positivos socio-ambientales, operando con altos estándares de desempeño. Para pertenecer a esta categoría no se necesita ser parte de un rubro en particular, tener un tamaño determinado o facturación sobre cierto monto; es un tipo de compañía comprometida a transitar un camino de mejora.

Poner el foco en los resultados no es malo, de hecho, es un indicador que nos permite saber los resultados de la gestión. Lo que sí es cuestionable es que las empresas no midan el cómo, por ejemplo, ofrecen altos incentivos a sus trabajadores sin importar la manera en la que consiguen aquello que les piden. Les recomiendo que sí lo midan pues si descuidan la forma se arriesgan prácticas irregulares que pueden afectar las ganancias que cuesta tanto obtener y la reputación que al mínimo descuido puede desaparecer. Creando una cultura de buenas prácticas corporativas a través del hábito, lograremos cambiar la filosofía de las empresas.

Susana Sierra, directora ejecutiva de BH Compliance

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