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HACERNOS CARGO – Verónica Díaz, Academia B

“Al día siguiente se confirmó el rumor, los camiones de recogida de basura no salieron a la calle, los basureros se declararon en huelga total….. al mediodía exacto, de todas las casas de la ciudad salieron mujeres armadas con escobas, cubos y recogedores y, sin una palabra, comenzaron a barrer las portadas de los edificios donde vivían, desde la entrada hasta el medio de la calle, donde se encontraban con otras mujeres que, desde el otro lado, para el mismo fin y con las mismas armas, habían bajado. Afirman los diccionarios que la portada es la parte de la calle correspondiente a la fachada de un edificio, y que barrer la portada significa desviar de sí cierta responsabilidad, gran equivocación la vuestra, señores filólogos y diccionaristas distraídos, barrer su portada precisamente fue lo primero que hicieron estas mujeres de la capital, como en el pasado también lo habían hecho en las aldeas sus madres y abuelas y no lo hacían ellas, como no lo hacen estas, para desviar de sí una responsabilidad, sino para asumirla….”  

Extracto de Ensayo sobre la lucidez, José Saramago

Todas las sociedades tienen necesidades de cuidado que resolver (menores, adultos mayores, personas con discapacidad, etc) y todos nosotros como individuos necesitamos de cuidado en alguna etapa de nuestras vidas. El cuidado es un asunto presente en nuestras sociedades desde su misma concepción, es parte fundamental de la sostenibilidad y del bienestar de estas mismas y por supuesto, la necesidad de cuidado requiere de una contraparte que cuide, de alguien que se haga cargo.

Una serie de cambios sociales y el inminente fin del bono demográfico -cuando el total de la población económicamente activa es mayor que la dependiente-  ponen en alerta la crisis del cuidado hacia la que avanza América Latina y revelan consigo las profundas desigualdades que se han generado por la forma en que ha sido organizada la  provisión del cuidado hasta ahora, el cual ha sido asumido mayoritariamente por mujeres , principalmente de manera no remunerada y con frecuencia, a expensas de su bienestar, oportunidades laborales y protección social.

Según encuestas de uso de tiempo disponible para los países de América Latina, el tiempo total de trabajo, considerando el trabajo remunerado y no remunerado de las mujeres, es superior al de los hombres en ocho de nueve países de la región, para los que se tiene información (ver gráfico). En Argentina, por ejemplo, las mujeres dedican casi el doble de tiempo que sus pares varones (6,4 hrs. por día vs. 3,4 hrs.) a las actividades de cuidado (1), lo que implica que el margen de tiempo que pueden dedicar al trabajo remunerado, puede verse reducido al verse enfrentadas a la demanda de cuidado por parte de miembros del hogar en situación de dependencia(2).

GRAFICO
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe, División de Asuntos de Género en base a tabulaciones especiales de encuestas de uso del tiempo. Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, [en línea]: http://oig.cepal.org/es.

En las alarmantes cifras sobre los “ninis” de América Latina, de los cerca de 30 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, el 76% son mujeres, aunque muchas de estas jóvenes en realidad contribuyen a la economía con trabajos no remunerados, ya que el 70% de ellas se dedican al trabajo doméstico o al cuidado de personas sin remuneración, frente a 10% de los hombres. Estas cifras representan, sobre todo, un reflejo de los mayores obstáculos que las mujeres jóvenes tienen que afrontar para acceder al mercado laboral y educativo (3).

Estos datos me hacen pensar, que así como las mujeres de la novela de Saramago, no barrieron la portada para desviar de sí una responsabilidad, sino para asumirla, día a día miles de latinoamericanas se hacen cargo de las necesidades de cuidado de la región, significando un tremendo subsidio para sus países y limitando al mismo tiempo sus oportunidades de inserción laboral, su autonomía tanto social como económica, aumentando su vulnerabilidad y atentando así  sobre su libertad, su crecimiento personal y el desarrollo pleno de todas  sus capacidades.

A través de este post quiero antes que todo valorar la labor y entrega de esas miles de mujeres que se hicieron y se hacen cargo, poniendo en juego incluso su realización personal, por el cuidado del otro. Pero también quiero hacer un llamado a que alivianemos de los hombros de las mujeres la responsabilidad del cuidado y que nos hagamos cargo entre todos, desde gobiernos, sociedad civil y el mundo privado de proveer el cuidado que nuestra sociedad necesita.

No puedo evitar hacer un llamado especial al sector privado en la construcción de esta sociedad más equitativa, porque veo una enorme esperanza en las empresas con las que trabajo, las Empresas B, y en quiénes están detrás de ellas, emprendedores y trabajadores que han decidido hacerse cargo de los problemas que perciben en la sociedad, que pasan de la protesta a la propuesta, y que actúan con coraje y osadía por construir una economía más inclusiva con mejores oportunidades para todos.

Me encantaría en un próximo post, escribir no sobre el diagnóstico sino sobre las soluciones que estamos entregando desde América Latina, con modelos de negocios diseñados para articular una mejor oferta para personas que requieren cuidados, y para generar mejores oportunidades para aquellos que lo proveen, pero de manera que promueven al mismo tiempo una mayor corresponsabilidad.

Levantó acá un desafío más, a ver cómo nos hacemos cargo, pero entre todos, de la noble y humana tarea de cuidarnos.

Verónica Díaz
Coordinadora de Redes en Academia B

(1) INDEC (2013). Módulo especial sobre uso del tiempo de la Encuesta Permanente de Hogares. Buenos Aires, Argentina.
(2) CEPAL (2016), Políticas de cuidado en América Latina Forjando la igualdad.
http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/40628/1/S1600887_es.pdf
(3) OCDE/CEPAL/CAF (2016), Perspectivas económicas de América Latina 2017: Juventud, competencias y emprendimiento, OECD Publishing, Paris. http://dx.doi.org/10.1787/leo-2017-es
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